
Los motivos se deben a muchas causas, pero sobre todo a la presión que reciben de las mafias que orquestan los asaltos, a cuya voluntad se ven sometidos muchos de ellos. De un tiempo a esta parte, los subsaharianos adoptan una actitud desafiante y cada vez más agresiva. Amenazan a las autoridades al otro lado de la valla, llevan palos y lanzan piedras y otros objetos contundentes e incluso se les ha decomisado algún arma blanca.
Esta actitud hostil no era la normal hace dos años, cuando las avalanchas se producían por pura cantidad y los inmigrantes entraban temerosos, sin crear apenas problemas. A día de hoy, las mafias emplean con impunidad mujeres y niños, con el objetivo de forzar el chantaje emocional hacia la Policía. Se han dado casos de inmigrantes que se hacen pasar por padres de los menores para después abandonarlos cuando logran su objetivo de entrar en España. “Creo que es un comportamiento delictivo emplear a menores y suplantar la identidad de sus padres para estos fines”, ha dicho el delegado del Gobierno de Melilla, Abdelmalik El Barkani.
En el caso de las pateras, las amenazas son incluso más habituales y hay razones para pensar que responden a planes previamente diseñados. Esta semana se ha visto cómo dos tripulantes amenazaban con prenderle fuego a la patera, ocupada por mujeres y niños, como se observa en el vídeo facilitado por la Delegación del Gobierno. En él se ve cómo un hombre muestra una botella llena de gasolina y un mechero en su otra mano, mientras trata de que la patrullera le deje el paso libre.

En el caso de esta semana, la Guardia Civil detuvo al patrón del barco, a las dos mujeres por entender que han puesto en peligro a los pequeños al levantarlos y a los dos hombres que amenazaron con la garrafa, dejando en libertad con cargos a todos ellos menos al patrón del barco, que ingresó directamente en la cárcel. “Es significativo ver – apunta el delegado del Gobierno – que sólo el patrón de la embarcación iba encapuchado, pues es el único que puede tener problemas al ser identificado. Como son adiestrados por las mafias, son considerados miembros de ellas”.
Una vez en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), los que parecían ser padres de uno de los niños renegaron totalmente de él asegurando que no eran sus padres verdaderos. “Esto hace que surjan dos preguntas, quiénes son sus padres verdaderos y cómo ha llegado ese niño allí. La única respuesta posible es que las mafias secuestran a estos niños y los emplean como instrumentos para conseguir sus fines”, concluye el delegado del Gobierno en Melilla, Abdelmalik El Barkani.
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