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domingo, 24 de octubre de 2010

Un joven ovetense denuncia una brutal agresión de un grupo de menores marroquíes

«Venía de fiesta, volvía para casa, a las seis y media de la mañana, y se me lanzaron encima». Con la cara, nariz, labios y ojos totalmente amoratados, una cicatriz en el cuello, collarín y vértigo, un joven ovetense de 20 años (prefiere mantener su identidad en el anonimato) relataba ayer, denuncia en mano, cómo un grupo de menores marroquíes le propinaron una brutal paliza en el cruce de las calles San Melchor y San Mateo, en el barrio de San Lázaro.

A esa hora había niebla, y notó que un grupo caminaba detrás de él. No le dio importancia, relata, hasta que notó cómo le agarraban por la espalda, le ponían en el cuello un objeto cortante -supone que se trataba de una botella rota- y le pedían el dinero. «Ellos me decían "el dinero", "el dinero", pero tiraban tanto hacia atrás que no podía sacar la cartera del bolsillo, entonces traté de revolverme y empezaron las patadas en la cabeza».

Según relata el joven, le desplazaron a patadas hasta una zona ajardinada oculta por unos árboles, donde siguieron aplastándole la cabeza. «Hubo un momento en que pensé "a ver cómo salgo de aquí"». Sus gritos se escucharon de lejos por algún transeúnte que pensó que se trataba de un juego entre chavales. Siguieron con la paliza hasta que el joven quedó inconsciente. Le vaciaron los bolsillos y se llevaron su cartera, con treinta euros, y el móvil. Casi al instante, el agredido volvió en sí. Acertó a coger las llaves y ver, muy lejos, cómo el grupo se alejaba. El joven ovetense no alcanzó a saber cuántas personas participaron en la agresión. Sólo pudo identificar claramente a uno, de rasgos marroquíes y menor de edad, asegura. Sabe que al menos había otra persona, pero puede que fueran tres.

Atendido en el Hospital Central de Asturias, los médicos certificaron que, milagrosamente, no tenía ningún hueso roto. Sólo hematomas por toda la cara, las magulladuras en el cuello, el vértigo.

«Lo que más me dolió», resume, «fue la impotencia de verte ahí tirado y que no puedas defenderte».

La Policía Nacional, donde formuló su denuncia, anunció que le avisará si logra recuperar algunos de los objetos que puedan permitir la identificación de alguno de los agresores. El joven añade una crítica a los Servicios Sociales del Principado, de los que depende la tutela de algunos menores extranjeros residentes en la región. «No entiendo, y me gustaría preguntarles a las autoridades de las que dependa, qué hacen esos menores por ahí a las seis de la mañana si están bajo la tutela del Principado. No lo puedo entender», remata.

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